La complejidad y la Acción.
No existe uno sin el otro
Apostamos a la acción acudiendo a ella como una estrategia aunque se corre riesgo ya que conduce a la incertidumbre y está programado al azar. La mayor parte de las acciones se vuelven como un boomerang en nuestro pensamiento.
La acción supone complejidad por sus decisiones inciertas, ya que permite imaginar un variado número de escenarios dispuestos al cambio. Dependiendo de la información obtenida. Un pensamiento es tan solo una partícula de lo que llamamos universo, y una acción equivale a miles de pensamientos complejos.
La acción no designa a un programa determinado, nos impone una conciencia muy aguda de los elementos aleatorios fomentando a la reflexión, preparando al pensamiento para lo inesperado. La complejidad no es una receta para conocer lo inesperado, pero nos vuelve prudentes, atentos y rompe el molde o el círculo vicioso de encerrarnos en la cotidianidad de creer que lo sucedido puede continuar indefinidamente. No se debe olvidar que la realidad es cambiante, lo nuevo puede surgir y de todos modos va a surgir y debemos aceptarlo.
“El simple aleteo de una mariposa puede cambiar el mundo… Un pensamiento también…”
Mia
